Una fiesta teledirigida que no logro comprender. Salgo como de costumbre con mi mejor amigo y una compa de la escuela, llegamos a un departamento con luces negras, música electrónica y reguetón de fondo, cerca de la colonia Escandón. Hay mayoritariamente mujeres jóvenes o al menos más jóvenes que mi amigo y yo, de unos veintitantos o pegándole a los treinta.
Nos sentamos en unas sillas, no conocemos a nadie excepto la chica que nos invitó, las personas a nuestro alrededor no hablaban mucho ni entre ellos ni con nosotros.

Al poco tiempo encienden unos monitores conectados a una red socio-digital que desconozco en dónde observamos con sorpresa que aparecía gente de manera aleatoria por espacio de segundos frente al monitor, las chicas bailaban frente a la cámara sin hablar entre ellas realmente. Todo estaba dispuesto para una suerte de fiesta/performance frente a individuos aleatorios que transitaban ese espacio/tiempo fluido, uno tras otro cada cierto tiempo. Mi amigo y yo estamos acostumbrados ciertamente a otro tipo de ambientes dónde la regla general es beber carta blanca, platicar y disfrutar el rato entre los presentes físicamente dentro del espacio dedicado a tales fines. Regresamos de la fiesta y nos cuestionamos nuestra propia realidad. Ya no entendemos esto.
Videojuegos Arcade (maquinitas de tortillería) a donde iba a jugar con mis amigos de la cuadra con entre 5 y 10 pesos que originalmente eran para comprar tortillas. Jugábamos Marvel vs Capcom, Street Fighters, The king of figthers, TEKEN y otros juegos de pelea con gente que materialmente eran mis vecinos y con quienes compartía otros espacios e intereses en común. Esos juegos reunían a toda mi generación periférica en la Tlalco-Plaza, un mercado popular en la colonia Tlalcoligia, al sur de la Ciudad. Allí había unas cuatro maquinitas, un futbolito traqueteado, una máquina de baile y poco más. Alrededor era propiamente un mercado rebosante de tortillas, chelas, refrescos, embutidos, quesos, chiles secos y hasta hierbas medicinales.
Lo caro que era comprar insumos tecnológicos y las canas verdes que le saqué a mi mamá para que me comprara un play uno en el que jugaba juegos de carreras con amigos que nuevamente, conocía de mi entorno inmediato y que se conectaba análogamente con un segundo control para jugar a mi lado.
Recordar teléfonos de casa con todo y LADA, comprar agendas telefónicas en forma de tarjetero metálico en algún vagón del metro para llevar registro de tus contactos… ahora ya no recuerdo ni mi propio número telefónico.
Age of empires en un café internet que olía a cenicero y a café quemado, una habitación con unas diez personas que veían blogs de encuentros paranormales, entraban a hi5 o MySpace y un par de tesistas precarizados guardando sus avances en grandes memorias cuadradas y planas.
Mi primer celular en la prepa y mi primer computadora en la universidad.
¿A qué se refieren con millennials y nativos digitales? ¿Es una condición de clase o generacional?
Mi incomprensión sobre ver a mi primo jugando hasta las 5 am Roblox después de pasar todo el día pegado a una computadora en un call center.
Llevar una relación a distancia gracias a plataformas como Whatsapp, FB e Instagram (en general, para otra cosa, me sirven para bajar libros y llenar la memoria de mi celular de preciosos memes ¿los jóvenes aún ven memes? ¿Siguen usando FB?
Le llevo a mi primo 13 años, la misma cantidad de tiempo que llevo sin cambiar mi cuenta de FB. Lo digital para mí sigue guardando cierta distancia de aquello que yo considero “lo real”,
Mi apreciación de los objetos/ redes digitales es diferente a la de mi primo.
Escasamente cambio la foto de perfil o portada, me parecía que entendía IG hasta que conocí a mi chica que se dedica -entre otras veinte mil cosas- a gestionar redes sociales como parte de su trabajo (ya no se que pretendo haciéndole al FB de las cosas)
Para mí IG sigue funcionando como álbum de fotos de recuerdos, me meto una o dos veces al día. Tik tok me sirve como opiáceo cuando ya tengo el cerebro derretido de leer textos académicos y quiero creer que veo noticias o alguna cosa interesante. No se usar twitter (ya ni se llama así)
En fin me sigo sintiendo más cómodo leyendo en papel que frente al monitor pero solo me alcanza para pdfs gratis y libros prestados de la biblioteca la mayoría de las veces.
Para mí existe una brecha generacional respecto al uso de lo digital, Esta diferencia generacional se evidencia incluso en personas que son solo cinco años menores que yo, o un poco más jóvenes. Antes sentía que podía enseñarle algo sobre el uso de la interfaz de FB a mi papá (hoy ya no entiendo gran cosa, tal vez ahora soy obsoleto respecto al uso de dichas plataformas)
Recuerdos tal vez ahora anacrónicos de un libro de García Canclini llamado Diferentes, desiguales y desconectados. Para este autor el crecimiento del uso de lo digital en una sociedad desigual y altamente alienada amplifica las que ya existen: quienes no tienen acceso o formación para navegar en el entorno digital vamos quedando relegados en términos de oportunidades de productividad, movilidad social y presencia en los espacios de decisión. A su vez, Canclini señalaba que la globalización de la cultura digital está dominada por grandes corporaciones, lo que homogeneiza los discursos y deja poco espacio para la interculturalidad real.
Más aún, la cuestión de entender a la cultura digital como un espacio producido, distribuido y consumido de formas desiguales, alimenta ciertos consumos de lo digital (videojuegos, redes sociales, plataformas de streaming, etc) y prohíbe o sensura otros espacios más horizontales dentro del internet (foros independientes, blogs, revistas de acceso abierto,etc.) e incluso el uso que se da dentro de estos espacios resulta cada vez más tendiente a la especialización, lo que reduce la posibilidad de interacción relevante en términos de producción e intercambio de discursos, símbolos y experiencias del usuario promedio, mismo que se ve cada vez más alienado en segmentos específicos del contenido disponible.
Al mismo tiempo, nuestra no vida muy real alimenta el deseo de fuga hacia los espacios virtuales, las cámaras, los videojuegos, los reels, Tik Tok, etc. tal vez las nuevas generaciones con mayor acceso a estos servicios, insumos y plataformas se cuestionan cada vez menos su papel en la sociedad realmente existente, buscando una alternativa individual en dónde prosperan los sueños a los que difícilmente se puede acceder mediante el cumplimiento cabal de los mandamientos bíblicos de la meritocracia, parece que todo se mueve, pero solamente lo parece, tal vez estamos en una sociedad que ya no comprendo, tal vez la sociedad actual ha decidido navegar entre el humo del nuevo opio, la ciber-existencia de la no-vida.
¿Nostalgia? ¿Desconexión? ¿Usos diferentes, diferenciados, desiguales de la tecnología?
Nací en el 91, el 2025 a ratos me parece una especie de crónica marciana.